PIZARRO, Gonzalo: Nació en Trujillo en 1511 y murió en Jaquijahuana, Cuzco, Perú, 1548. Capitán y conquistador extremeño, hijo natural del hidalgo trujillano Don Gonzalo Pizarro, El Largo, del linaje de Los Añasco, y hermano de Francisco Pizarro, Conquistador del Perú, de Hernando Pizarro, y de Juan Pizarro, con quienes marcharía al Nuevo Mundo siendo aun muy joven-, diez y nueve años-, en la expedición organizada por el mayor de todos ellos, Francisco, en 1530 para llevar a efecto la conquista y pacificación del imperio de los Incas. A pesar de su juventud, fue Gonzalo uno de los mas entusiastas colaboradores y seguidores del Adelantado, su hermano, aunque este no le confiara al principio ningún cargo de responsabilidad a causa precisamente de ella. Participo en la expedición triunfante de Tumbez a Cajamarca, donde fue testigo y actor de la jornada sangrienta de enfrentamiento con el ejército de Atahualpa, hasta que el Inca cayó en poder de los españoles y fue reducido a prisión por Pizarro. Para obtener la crecida cantidad de oro y plata que el emperador incaico había ofrecido como rescate, Gonzalo acompaño a sus hermanos Hernando y Juan al templo de Pachacamac, mientras Hernando de Soto y Pedro del Barco se dirigía a Cuzco y otros enviados iban a Rimac y a Quito-, los cuatro rincones del Tahuantinsuyo o Imperio de los quechuas-, quedando maravillado de las riquezas y tesoros que se acumulaban en los diversos templos del Viracocha o Dios- Sol del imperio. Cuando se ocupo la capital, Cuzco también fue Gonzalo testigo de las desavenencias entre Diego de Almagro y su hermano Hernando; quienes, una vez desembarazados de los indios rebeldes que seguían al nuevo Emperador Manco Capac, se enzarzaron en disputas sobre la gobernación de la ciudad y pertenecía a la Nueva Castilla, - cuyo Adelantado era Pizarro-, o la Nueva Toledo, mas al sur, cuyo gobierno pertenecía a Almagro , según las Capitulaciones firmadas con la Corona y los deseos de Carlos V ; ya que Francisco Pizarro decidió fijar su residencia como Capitán General y gobernador en la recién fundada Ciudad de los Reyes de Rimac (Lima), situada en la costa, unas lenguas mas al norte. Las disputa entre ambos capitanes terminaría en un asalto de los partidarios de Almagro (los de Chile) a la casa de Hernando Pizarro, donde capturo a este y a Gonzalo, poniéndolos encadenados en una mazmorra. Solo la intercesión de caballeros como Diego de Alvarado, hombre discreto y respetado, tío del Adelantado Pedro de Alvarado y de su hermano Gómez de Alvarado, impidió que ambos hermanos Pizarro fuesen ahorcados por sus adversarios. Marcho el Adelantado, - que ya había recibido del Emperador Carlos I el titulo de Marqués-, hacia Cuzco para hacer nuevos tratados con Almagro y libertar a sus a sus hermanos, llegando a un acuerdo con el ambicioso manchego que exigiría nuevas concesiones para él y sus partidarios; volviéndose a Lima por no dejar desamparada la capital y a sus servidores ante el constante peligro de sublevación de los indios. Por su parte, Gonzalo, una vez liberado, seria enviado hacia el lejano reino del Quitu, al norte de la gran cordillera, con el fin de organizar una expedición el reconocimiento al País de la Canela que se suponía ubicado en las faldas montañosas y selváticas al este de la Puna. Efectivamente, en 1540 preparo un convoy con doscientos veinte españoles, cuatro mil indios, mis perros amaestrados y mil cerdos, además de vicuñas y llamas con algunos guías indígenas. Poco después se le unirían los contingentes que traía Francisco de Orellana desde Guayaquil, con quien venia el padre Fray Gaspar de Carvajal que narraría en sus crónicas el descubrimiento del rió Amazonas. La marcha hacia el interior de la selva fue penosísima y llena de desgracias; los indios murieron en su mayoría y huyeron hacia sus lugares de origen; el calor y la humedad afectaron también a muchos españoles que fueron cayendo por el camino o ahogándose en los grandes ríos que hubo que atravesar en la condiciones pésimas, como el Consanga, el Cauca y el Napo, afluentes ya del Amazonas. A las orillas de este rió Gonzalo Pizarro decidió vivaquear, pues habiéndose acabado las reservas de alimentos y muertos los animales, prefirió destacar a Francisco de Orellana a lo largo del roí, en un pequeño bergantín construido de fortuna, para que buscara entre los indios de las orillas nuevas fuentes de alimentación. Orellana salió, pero no regreso, y Pizarro después de esperarle un tiempo prudencial entendió que había sido traicionado por su paisano y levanto el campo para regresar a su gobernación en Quito. Allí recibió las noticias del asesinato de su hermano Francisco por Diego de Almagro El Mozo y la llegada al Perú de un nuevo Gobernador, nombrado por Carlos I en la persona del noble leones Vaca de Castro. Se apresuro a marchar hacia Cuzco y Lima, donde también supo que Almagro había sido derrotado por el nuevo Gobernador en la batalla de Chupas (1542) y ejecutado. Cuando Gonzalo Pizarro logra entrevistarse con Vaca de Castro, este no se fía de el por entender que va a reclamar los títulos y derechos de su hermano, ordenándole que se retire a sus encomiendas de Chasqui y se dedique a la pacifica vida de encomendero. Efectivamente, Gonzalo Pizarro, como muchos otros compañeros y paisanos que habían tomado parte en la conquista del Perú, habían recibido enormes posesiones de tierra de cultivo, y se les había encomendado miles de indios que trabajan sus tierras en condición de siervos de la gleba, produciendo rentas cuantiosísimas que les permitía vivir como verdaderos reyezuelos. Por ello, la llegada de nuevas noticias de Castilla en las que hablaba de unas Leyes Nuevas (1542) en las que quedaban suprimidas las Encomiendas de Indios junto con un virrey del Perú, - el primero de los nombrados-, llamado Vasco Nuñez que venia a imponerlas, fue suficiente para provocar la rebelión abierta de los grandes poseedores que indujeron a Pizarro a ponerse al frente de la sublevación. Vaca de Castro fue desposeído por el Consejo de Indias y procesado en Castilla, mientras Gonzalo Pizarro escribía al Emperador haciendo grandes demostraciones de fidelidad a la persona de Carlos I, pero rechazando enérgicamente las leyes Nuevas en contra del empecinamiento del Virrey; quien finalmente fue derrotado en la batalla de Añaquito (1546) y puesto en prisión por Gonzalo Pizarro. En Castilla se conocieron todo estos acontecimientos y fueron recibidos los enviados de Pizarro, -Francisco Maldonado El Rico-, y Diego Álvarez de Cueto-, que venia de parte de Vasco Nuñez -, por el consejo de las Indias que condeno las acciones que los encomenderos; resolviéndose enviar a alguna persona de gran confianza y energía para que pusiese paz. Por ello, la llegada de nuevas noticias de Castilla en las que hablaba de una leyes nuevas (1542) en las que quedaban suprimidas las Encomiendas d Indios junto con un virrey del Perú, el primero de los nombrados, llamado Vasco Núñez de Vela, que venía a imponerlas, fue suficiente para provocar la rebelión abierta de los grandes poseedores que indujeron a Pizarro a ponerse al frente de la sublevación.
Vaca de Castro fue desposeído por el Consejo de Indias y procesado en Castilla, mientras Gonzalo Pizarro escribía al Emperador haciendo grandes demostraciones de fidelidad a la persona de Carlos I, pero rechazando enérgicamente las leyes nuevas en contra del empecinamiento del Virrey; quien finalmente fue derrotado en la batalla de Añaquito (1546) y puesto en prisión por Gonzalo Pizarro.
En Castilla se conocieron todos estos acontecimientos y fueron recibidos los enviados de Pizarro, Francisco Maldonado El Rico, y Diego Álvarez de Cueto, que venía de parte de Blasco Núñez Vela, por el consejo de las Indias que condenó las acciones de los encomenderos; resolviéndose enviar a alguna persona de gran confianza y energía para que pusiese paz entre los contendientes y evitase la guerra civil haciéndose el nombramiento a favor del clérigo abulense Con Pedro de la Gasca, hombre de gran prudencia y con experiencia en .los consejos y asuntos de la justicia. como eclesiástico Gasca no quiso asumir el cargo de virrey y solamente e denominó presidente como si de una audiencia itinerante se tratara entre tanto en Perú un atolondrado capitán de Pizarro llamado benito Juárez de Carvajal, decapitó al virrey y mando arrastrar su cabeza en señal de rompimiento con la autoridad española. pocos días después el propio Pizarro mandaba ejecutar al hermano de Núñez Vela , por un supuesto delito de traición inducido uno de los capitanes pizarristas llamado Juan de la Torre. La intranquilidad interior del virreinato iba en aumento los partidarios de Pizarro entre los que se encontraban Francisco de Carvajal, Pedro de Hinojosa Lorenzo de Aldana, Gómez de Solís y otros. Comenzaron a dividirse en sus opiniones mientras unos aconsejaban a Pizarro que se autonombrase gobernador y capitán general como heredero de los derechos de su hermano incluso pidiendo que se declarase rey de Perú. Otros opinaban que había que ponerse en relación con el presidente la Gasca y solventar el problema pacíficamente siempre que fueran abolidas las nuevas leyes. Uno de los antiguos pizarristas el capitán Diego Centeno se levantó abiertamente contra él y Pizarro tuvo que derrotarlo en la batalla de harinas, donde fueron muertos muchos y muy nobles caballeros de uno y otro bando. Después de esta victoria, Pizarro sé encaminó a la ciudad de los Reyes para sumir la gobernación del Perú, entrando en ella de forma ostentosa, rodeado de sus capitales y con los cuatro prelados de Cuzco, Lima, Quito y Santa Fe de Bogotá haciéndole escolta como a un monarca. Muchos encomenderos y algunos frailes desde sus púlpitos, le exigieron entonces que aceptaran la Corona Real, a lo que Gonzalo se negó determinadamente. Los orgullosos pizarristas, como Francisco Carvajal, que ocupaba el cargo de Maestro de Campa de Pizarro, se sintieron invencibles y comenzaron a cometer algunas trolas y desatinos contra los que no consideraban absolutamente fiables. Cuando Pizarro determino enviar a varios de estos partidarios a Panamá para hablar con Pedro de Las Casca y preparar los tratados entre ambos-, como fue el caso del Obispo de Lima, fray Jerónimo de Carvajal, Francisco de Hinojosa, Sebastián Carrilazo de la Vega, Lorenzo de Aldana, y otros-, el resultado fue que todos ellos se pasaron al bando imperial y se pusieron a servicio del Presidente, abandonando a Gonzalo Pizarro. Poco tiempo después, en las proximidades de Cuzco, en el valle de Sacsahuana (Jaquijahuana) se enfrentaban los ejércitos de Pizarro y la Gasca en una batalla (9 de Abril de 1548) que significo el final de la causa de los encomendados. Gonzalo Pizarro fue derrotado contundentemente y se entrego al Presidente, pero con tan vehementes muestras de orgullo y desacato que la Gasca mando degollar al día siguiente en el mismo campo de batalla, así como a Francisco de Carvajal; pues ya habían sido condenados a muerte por la Real Audiencia de Lima, por el delito de alta traición, a instancias del propio La Gasca. Fue entregado en Convento de La Merced del Cuzco, pero su cabeza seria llevada a Lima en una jaula para ser expuesta el rollo que había en una de sus plazas. Autor:J.A. Ramos RubioVolver a la página de inicio
A pesar de su juventud, fue Gonzalo uno de los mas entusiastas colaboradores y seguidores del Adelantado, su hermano, aunque este no le confiara al principio ningún cargo de responsabilidad a causa precisamente de ella.
Participo en la expedición triunfante de Tumbez a Cajamarca, donde fue testigo y actor de la jornada sangrienta de enfrentamiento con el ejército de Atahualpa, hasta que el Inca cayó en poder de los españoles y fue reducido a prisión por Pizarro.
Para obtener la crecida cantidad de oro y plata que el emperador incaico había ofrecido como rescate, Gonzalo acompaño a sus hermanos Hernando y Juan al templo de Pachacamac, mientras Hernando de Soto y Pedro del Barco se dirigía a Cuzco y otros enviados iban a Rimac y a Quito-, los cuatro rincones del Tahuantinsuyo o Imperio de los quechuas-, quedando maravillado de las riquezas y tesoros que se acumulaban en los diversos templos del Viracocha o Dios- Sol del imperio.
Cuando se ocupo la capital, Cuzco también fue Gonzalo testigo de las desavenencias entre Diego de Almagro y su hermano Hernando; quienes, una vez desembarazados de los indios rebeldes que seguían al nuevo Emperador Manco Capac, se enzarzaron en disputas sobre la gobernación de la ciudad y pertenecía a la Nueva Castilla, - cuyo Adelantado era Pizarro-, o la Nueva Toledo, mas al sur, cuyo gobierno pertenecía a Almagro , según las Capitulaciones firmadas con la Corona y los deseos de Carlos V ; ya que Francisco Pizarro decidió fijar su residencia como Capitán General y gobernador en la recién fundada Ciudad de los Reyes de Rimac (Lima), situada en la costa, unas lenguas mas al norte.
Las disputa entre ambos capitanes terminaría en un asalto de los partidarios de Almagro (los de Chile) a la casa de Hernando Pizarro, donde capturo a este y a Gonzalo, poniéndolos encadenados en una mazmorra. Solo la intercesión de caballeros como Diego de Alvarado, hombre discreto y respetado, tío del Adelantado Pedro de Alvarado y de su hermano Gómez de Alvarado, impidió que ambos hermanos Pizarro fuesen ahorcados por sus adversarios.
Marcho el Adelantado, - que ya había recibido del Emperador Carlos I el titulo de Marqués-, hacia Cuzco para hacer nuevos tratados con Almagro y libertar a sus a sus hermanos, llegando a un acuerdo con el ambicioso manchego que exigiría nuevas concesiones para él y sus partidarios; volviéndose a Lima por no dejar desamparada la capital y a sus servidores ante el constante peligro de sublevación de los indios.
Por su parte, Gonzalo, una vez liberado, seria enviado hacia el lejano reino del Quitu, al norte de la gran cordillera, con el fin de organizar una expedición el reconocimiento al País de la Canela que se suponía ubicado en las faldas montañosas y selváticas al este de la Puna. Efectivamente, en 1540 preparo un convoy con doscientos veinte españoles, cuatro mil indios, mis perros amaestrados y mil cerdos, además de vicuñas y llamas con algunos guías indígenas.
Poco después se le unirían los contingentes que traía Francisco de Orellana desde Guayaquil, con quien venia el padre Fray Gaspar de Carvajal que narraría en sus crónicas el descubrimiento del rió Amazonas.
La marcha hacia el interior de la selva fue penosísima y llena de desgracias; los indios murieron en su mayoría y huyeron hacia sus lugares de origen; el calor y la humedad afectaron también a muchos españoles que fueron cayendo por el camino o ahogándose en los grandes ríos que hubo que atravesar en la condiciones pésimas, como el Consanga, el Cauca y el Napo, afluentes ya del Amazonas. A las orillas de este rió Gonzalo Pizarro decidió vivaquear, pues habiéndose acabado las reservas de alimentos y muertos los animales, prefirió destacar a Francisco de Orellana a lo largo del roí, en un pequeño bergantín construido de fortuna, para que buscara entre los indios de las orillas nuevas fuentes de alimentación.
Orellana salió, pero no regreso, y Pizarro después de esperarle un tiempo prudencial entendió que había sido traicionado por su paisano y levanto el campo para regresar a su gobernación en Quito. Allí recibió las noticias del asesinato de su hermano Francisco por Diego de Almagro El Mozo y la llegada al Perú de un nuevo Gobernador, nombrado por Carlos I en la persona del noble leones Vaca de Castro. Se apresuro a marchar hacia Cuzco y Lima, donde también supo que Almagro había sido derrotado por el nuevo Gobernador en la batalla de Chupas (1542) y ejecutado. Cuando Gonzalo Pizarro logra entrevistarse con Vaca de Castro, este no se fía de el por entender que va a reclamar los títulos y derechos de su hermano, ordenándole que se retire a sus encomiendas de Chasqui y se dedique a la pacifica vida de encomendero.
Efectivamente, Gonzalo Pizarro, como muchos otros compañeros y paisanos que habían tomado parte en la conquista del Perú, habían recibido enormes posesiones de tierra de cultivo, y se les había encomendado miles de indios que trabajan sus tierras en condición de siervos de la gleba, produciendo rentas cuantiosísimas que les permitía vivir como verdaderos reyezuelos. Por ello, la llegada de nuevas noticias de Castilla en las que hablaba de unas Leyes Nuevas (1542) en las que quedaban suprimidas las
Encomiendas de Indios junto con un virrey del Perú, - el primero de los nombrados-, llamado Vasco Nuñez que venia a imponerlas, fue suficiente para provocar la rebelión abierta de los grandes poseedores que indujeron a Pizarro a ponerse al frente de la sublevación.
Vaca de Castro fue desposeído por el Consejo de Indias y procesado en Castilla, mientras Gonzalo Pizarro escribía al Emperador haciendo grandes demostraciones de fidelidad a la persona de Carlos I, pero rechazando enérgicamente las leyes Nuevas en contra del empecinamiento del Virrey; quien finalmente fue derrotado en la batalla de Añaquito (1546) y puesto en prisión por Gonzalo Pizarro.
En Castilla se conocieron todo estos acontecimientos y fueron recibidos los enviados de Pizarro, -Francisco Maldonado El Rico-, y Diego Álvarez de Cueto-, que venia de parte de Vasco Nuñez -, por el consejo de las Indias que condeno las acciones que los encomenderos; resolviéndose enviar a alguna persona de gran confianza y energía para que pusiese paz. Por ello, la llegada de nuevas noticias de Castilla en las que hablaba de una leyes nuevas (1542) en las que quedaban suprimidas las Encomiendas d Indios junto con un virrey del Perú, el primero de los nombrados, llamado Vasco Núñez de Vela, que venía a imponerlas, fue suficiente para provocar la rebelión abierta de los grandes poseedores que indujeron a Pizarro a ponerse al frente de la sublevación.
Vaca de Castro fue desposeído por el Consejo de Indias y procesado en Castilla, mientras Gonzalo Pizarro escribía al Emperador haciendo grandes demostraciones de fidelidad a la persona de Carlos I, pero rechazando enérgicamente las leyes nuevas en contra del empecinamiento del Virrey; quien finalmente fue derrotado en la batalla de Añaquito (1546) y puesto en prisión por Gonzalo Pizarro.
En Castilla se conocieron todos estos acontecimientos y fueron recibidos los enviados de Pizarro, Francisco Maldonado El Rico, y Diego Álvarez de Cueto, que venía de parte de Blasco Núñez Vela, por el consejo de las Indias que condenó las acciones de los encomenderos; resolviéndose enviar a alguna persona de gran confianza y energía para que pusiese paz entre los contendientes y evitase la guerra civil haciéndose el nombramiento a favor del clérigo abulense Con Pedro de la Gasca, hombre de gran prudencia y con experiencia en .los consejos y asuntos de la justicia. como eclesiástico Gasca no quiso asumir el cargo de virrey y solamente e denominó presidente como si de una audiencia itinerante se tratara entre tanto en Perú un atolondrado capitán de Pizarro llamado benito Juárez de Carvajal, decapitó al virrey y mando arrastrar su cabeza en señal de rompimiento con la autoridad española. pocos días después el propio Pizarro mandaba ejecutar al hermano de Núñez Vela , por un supuesto delito de traición inducido uno de los capitanes pizarristas llamado Juan de la Torre.
La intranquilidad interior del virreinato iba en aumento los partidarios de Pizarro entre los que se encontraban Francisco de Carvajal, Pedro de Hinojosa Lorenzo de Aldana, Gómez de Solís y otros. Comenzaron a dividirse en sus opiniones mientras unos aconsejaban a Pizarro que se autonombrase gobernador y capitán general como heredero de los derechos de su hermano incluso pidiendo que se declarase rey de Perú. Otros opinaban que había que ponerse en relación con el presidente la Gasca y solventar el problema pacíficamente siempre que fueran abolidas las nuevas leyes.
Uno de los antiguos pizarristas el capitán Diego Centeno se levantó abiertamente contra él y Pizarro tuvo que derrotarlo en la batalla de harinas, donde fueron muertos muchos y muy nobles caballeros de uno y otro bando. Después de esta victoria, Pizarro sé encaminó a la ciudad de los Reyes para sumir la gobernación del Perú, entrando en ella de forma ostentosa, rodeado de sus capitales y con los cuatro prelados de Cuzco, Lima, Quito y Santa Fe de Bogotá haciéndole escolta como a un monarca. Muchos encomenderos y algunos frailes desde sus púlpitos, le exigieron entonces que aceptaran la Corona Real, a lo que Gonzalo se negó determinadamente. Los orgullosos pizarristas, como Francisco Carvajal, que ocupaba el cargo de Maestro de Campa de Pizarro, se sintieron invencibles y comenzaron a cometer algunas trolas y desatinos contra los que no consideraban absolutamente fiables.
Cuando Pizarro determino enviar a varios de estos partidarios a Panamá para hablar con Pedro de Las Casca y preparar los tratados entre ambos-, como fue el caso del Obispo de Lima, fray Jerónimo de Carvajal, Francisco de Hinojosa, Sebastián Carrilazo de la Vega, Lorenzo de Aldana, y otros-, el resultado fue que todos ellos se pasaron al bando imperial y se pusieron a servicio del Presidente, abandonando a Gonzalo Pizarro.
Poco tiempo después, en las proximidades de Cuzco, en el valle de Sacsahuana (Jaquijahuana) se enfrentaban los ejércitos de Pizarro y la Gasca en una batalla (9 de Abril de 1548) que significo el final de la causa de los encomendados. Gonzalo Pizarro fue derrotado contundentemente y se entrego al Presidente, pero con tan vehementes muestras de orgullo y desacato que la Gasca mando degollar al día siguiente en el mismo campo de batalla, así como a Francisco de Carvajal; pues ya habían sido condenados a muerte por la Real Audiencia de Lima, por el delito de alta traición, a instancias del propio La Gasca.
Fue entregado en Convento de La Merced del Cuzco, pero su cabeza seria llevada a Lima en una jaula para ser expuesta el rollo que había en una de sus plazas.
Autor:J.A. Ramos RubioVolver a la página de inicio